¡A CELEBRAR CON BURBUJAS!

Los vinos espumantes son los indicados para servir en fiestas y banquetes. Aprenda un poco más de ellos.

El vino es una de las bebidas más festivas que hay. Baco, por ejemplo, era el dios de la fiesta y del vino: para los romanos estos dos siempre iban de la mano. Pero, cuando hablamos de celebraciones y aniversarios, son los vinos espumosos los que son protagonistas.
Las burbujas de la champaña, el cava, el prosecco o el lambrusco son siempre sinónimo de una ocasión especial. Estos, que también son conocidos como vinos inquietos, son hechos con procesos de fermentación especiales que les dan sus burbujas características. Existen dos formas para producirlos: el método Champenoise Tradicional y el Charmat.

Los métodos
El Champenoise tuvo su origen en Francia, en la región de Champaña. Fue el monje Dom Perignon el que lo descubrió. Se trata de un método en el que hay dos fermentaciones: en la primera se crea un vino tranquilo que guarda azúcar que, luego, genera una segunda fermentación en la misma botella, dando como resultado la aparición de burbujas. Dependiendo de la cantidad de azúcar del vino, se denomina la champaña resultante: Extra Brut o Brut, las más secas (nada de azúcar); Seco y Semi Seco, que tienen un nivel azúcar medio; y Dulce, que contiene más azúcar. El cava español se produce de la misma forma, sin embargo, no puede ser llamado Champaña, pues este nombre es exclusivo para los espumosos de esta región francesa.
Con el método Charmat la segunda fermentación se da, no en la botella, sino en tanques de acero inoxidable.

Para celebrar
Un buen vino espumoso va a la perfección con postres delicados como tortas y cremas de vainilla o, incluso, con una deliciosa torta de red velvet. Es indicado también para acompañar pequeños pasabocas.
Para servirlo, deben usarse copas tipo flauta o tulipán, que permiten que sus cualidades sean apreciadas: su cuerpo alargado y su boca estrecha atrapan aromas y burbujas por más tiempo, haciendo que lleguen directamente a la punta de la lengua. Debe servirse a una temperatura de entre 8 y 10 grados centígrados, solo así se podrán apreciar sus aromas y matices.

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