LA COCINA DE LA ABUELA

Los sabores ancestrales se sustentan en la tradición oral. Recetas que pasan de generación en generación gracias a las matriarcas.

Para entender la relación que hay entre cocina y tradición es vital, también, entender que el rol femenino toma bastante importancia. Las mujeres, que siempre han estado en el ámbito privado cuando se habla de lo culinario, han sido las encargadas de conservar las recetas ancestrales y, además, de transmitirlas de generación en generación. “De la matriarca heredamos los sabores y los saberes”, explica la antropóloga Luz Marina Vélez, quien es experta en cultura y alimentación y coordinadora de la especialización en Intervención Creativa de la Colegiatura.
La madre, y la abuela, es la figura que enseña. Es aquella persona en la que se confía, que ayuda a construir las primeras visiones del mundo, es quien que, a través de la nutrición y el placer, pone las bases para nuestra supervivencia, por lo que es esencial en la construcción de la civilización. Así, el rol que desempeña en la preservación de la identidad culinaria es fundamental.
“Las ollas, las sartenes, los fogones, los platos… son contenedores que recuerdan el útero”, dice Luz Marina. Y, aunque en los restaurantes los hombres son lo que mandan, en la cocina íntima, en la que forma el gusto, es la madre la que tiene el poder.
Cada receta y cada preparación es una suma de simbolismos con los que las matriarcas expresan sus afectos. “La cocina materna guarda secretos, es misteriosa y, por ello, guardamos esas recetas como un tesoro”, dice Luz Marina. El recetario de la abuela es testigo del amor que siente por hijos y nietos, es la muestra de que la cocina es una de las expresiones de afecto más genuinas que existe.
Pero, más allá del sentimiento; ese inventario de preparaciones también es la muestra de un conocimiento que se crea a través de la experiencia y que, a pesar de ser empírico, se acerca a lo científico. Hoy, ese legado es posible gracias al voz a voz que, con el tiempo trasciende lo oral y se convierte en memoria. No en vano, los procesos de reconciliación tras el conflicto armado en Colombia se construyen a partir de los fogones: el sabor como elemento histórico, la cocina como unión entre familias y comunidades, el fuego como reconciliación entre propios y ajenos. El mensaje de la cocina matriarcal como unión entre pueblos.

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